lunes 8 de febrero de 2010

DOS NUEVOS TÍTULOS DE LA COLECCIÓN MAKAKIÑOS CONTRIBUYEN A MEJORAR LA AUTONOMÍA E INTEGRACIÓN DE LAS PERSONAS CON AUTISMO





KALANDRAKA y BATA (Baión Asociación de Tratamiento del Autismo) han creado una nueva línea en su colección de libros de fácil lectura, dirigida a personas con necesidades educativas especiales. “Nicolás va de compras” y “Nicolás cocina sin fuego”, que llevan el sello Makakiños día a día y están ilustrados por Alicia Suárez, son materiales complementarios -de conocimiento y experimentación- que ayudarán en el desarrollo de su autonomía personal y su intercomunicación con el entorno a las personas con Autismo, Disfasia, Síndrome de Down u otras discapacidades intelectuales.
Esta iniciativa editorial pionera intenta contribuir a superar las barreras de incomunicación con libros de mayor concreción y comprensión a nivel escrito y visual; como apunta el lema de Makakiños día a día, “un pequeño paso de hormiga puede convertirse en un paso de gigante”. La colección ya cuenta con adaptaciones de cuentos tradicionales y clásicos: “El conejo blanco”, “La ratita presumida”,“Chivos chivones” y “El patito feo”. Estos dos últimos títulos acaban de publicarse por primera vez en
portugués, en la colección Makakinhos (“Chibos sabichões” y “O patinho feio”).
Con Makakiños día a día se pretende dar un salto cualitativo, proporcionando a sus usuarios un
material de gran valor informativo para uso cotidiano, que les resulte útil a la hora de realizar por sí mismos acciones tan habituales y necesarias como cocinar o comprar. Como principal novedad con respecto a los anteriores álbumes de Makakiños, las páginas están encuadernadas en espiral para facilitar el manejo de los libros, que incluyen pegatinas -a modo de diccionario mímico- para que puedan mostrarlas a sus interlocutores.
Los textos se adaptaron al sistema de Símbolos Pictográficos para la Comunicación (SPC)
desarrollado por Roxana Mayer Johnson, que incorpora diferentes colores asociados a las distintas categorías de palabras: amarillo para designar a las personas; verde para los verbos; azul para los términos descriptivos; naranja para los sustantivos que no pertenecen a otras categorías; rosa para identificar palabras referidas a actuaciones sociales; blanco para artículos, colores, conjunciones.
La guía titulada “Nicolás va de compras” propone visitar los establecimientos donde se adquieren productos de alimentación (frutería, verdulería, carnicería, pescadería, panadería-pastelería, supermercado), prendas de vestir (tienda de ropa, zapatería), objetos de regalo (juguetería, floristería, librería) y espacios de ocio (cafetería). En la página correspondiente a cada tipo de local se muestra una lista con algunos artículos que se pueden encontrar en él.
A partir de las pautas de “Nicolás cocina sin fuego”, se pueden preparar platos sanos, sabrosos y
sencillos que se elaboran sin fuego: canapés, sandwich y ensaladas para comer; brocheta de frutas y
macedonia; bolitas de coco, trufas de chocolate, mousse de limón y helado de plátano para tomar de
postre; bebidas como zumo de naranja, batido de fresa y sorbete de melón. Tras repasar los
ingredientes y utensilios necesarios, y precisar el grado de dificultad de la receta, se describe la
preparación. Un libro para disfrutar del ambiente lúdico de la cocina, entre sabores, colores y aromas.

miércoles 3 de febrero de 2010

EL JARDÍN DE BABAÏ

escrito por Mandana Sadat
ilustrado por Mandana Sadat
traducido por Esther Rubio al castellano y T. Sadat al persa desde el francés
publicado por Kókinos, en el 2005

Babaï, el corderito, vivía en las montañas desiertas de Irán.
Como allí ni había mucha vida, Babaï se aburría.
Hasta que un día tomó una gran decisión:
haría un jardín, un frondoso jardín.


Así de sorprendente comienza esta historia. Un álbum que mantiene un tono calmo y natural durante todo el relato, como si fuera fácil crear un frondoso jardín en medio de las montañas iraníes. 

Pues para Babaï sí, solo le hace falta tiempo y empeño. Y así no sólo consigue un trozo de tierra soleada cerca de una fuente de agua, sino que cuando las semillas plantadas por él germinan, llegan hasta el jardín, contentos, un montón de animales, primero las aves y los herbívoros, luego los carnívoros, y luego la noche y con ella un final mágico. 

Y por si fuera poco, es un cuento que está contado en dos lenguas, el castellano y el Färsí, la lengua oficial de Irán, y así se van intercalando los párrafos en castellano, con los párrafos manuscritos en farsí, que un espectador y amigo me sacó de pensamiento de que era árabe. ¡Qué bruto! le faltó decirme, pero mira, ya sé una cosa más. Y ambas lenguas se van intercalando en las páginas con ilustraciones y en otras donde solo parece el texto sobre el fondo crema de todas las páginas del álbum.

Y por si fuera poco, resulta que el texto en färsí no es la traducción del que viene en castellano, ni viceversa. Resulta que el texto en färsí nos relata otra historia pero utilizando las ilustraciones en sentido contrario al del castellano, es decir, desde nuestra última página hasta nuestra primera.

Dos historias en una, no solo no molestándose, sino haciendo la historia más amplia y complementándose. Un lujo. 

Las ilustraciones, limpias, concretas y llenas de detalles. Diría que son ilustraciones con sonido. Un sonido que va in crecendo desde la soledad absoluta de las montañas, donde el viento es la única melodía monótona que acompaña el día, hasta el tropel lujurioso de los animales celebrando la vida y la creación del jardín. 

Un acto de generosidad por parte de Babaï que al final mira orgulloso su jardín donde cada planta y cada animal había encontrado su lugar.

Babaï es un cuento ideal para hablar de otras culturas, de la escritura y sus orígenes, de Irán, del  desconocimiento cultural, de la generosidad, del empeño y el ahínco, del sueño, de la naturaleza, de la vida. Babaï es un libro que desde la sencillez y la calma, nos tiende la palabra sobre conversaciones importantes.

Un lujo, vaya. Una preciosidad. ¿Lo conoces?

Las fotos son del blog de la autora y del de Darabuc. Gracias.

Feliz lectura. Feliz semana.

P.D.: Resulta que había programado la publicación de este comentario para el lunes, 1 de febrero, pero del 2011. Tengo que centrarme, tengo que centrarme. En el Club de lectura de Facebook, ya somos cincuenta y ocho, en solo una semana. Gracias.

lunes 25 de enero de 2010

CLELE, Club de Lectura de Álbumes Ilustrados

Soy incapaz de mantener una conversación de más de una hora, aunque sea relajada o de un tema dispar, sin que en mi discurso aparezcan los álbumes ilustrados. Por un lado o por otro se me cuelan.

En mi casa, cuando alguien llega, es casi de visita obligada entrar al estudio y en él, ojear algún álbum. por lo mismo, por que en la conversación se asoma y acabo diciendo espera que te lo enseño, y ya estamos. Si esa persona muestra interés, la visita momentánea se convierte en pausada... Y si el interés se descubre pasión, es al estudio donde trasladamos las cervezas y la tarde.

El veintitrés de abril del 2007 decidí abrir este blog con la intención de comentar un libro, un álbum ilustrado cada semana. Ese año comenté uno nada más. En el 2008 fue tomando forma a qué era eso que quería hacer y en el 2009 ha tomado regularidad. Comento cada lunes un álbum en la Biblioteca de los Elefantes. Tengo la suerte de no hacerlo solo, comparto en él pasión y trabajo con Soledad Felloza.

Cada lunes, un álbum. Todo un reto, pero sabemos que hay gente a la que le sirve de guía y eso hace que valga la pena. En los últimos títulos, incluso, nos hemos atrevido a sugerir alguna actividad que se puede hacer a partir de la lectura del mismo. Nuestro ánimo no va más allá que el compartir los libros que nos gustan, por una razón o por otra y, dada la cantidad de libros que se editan al año, creemos que no está de más hacerlo.

En Alicante, hace algún año, intentamos poner en marcha un club de lectura de álbumes. Cada mes nos juntábamos un grupo que oscilaba entre las tres y las cinco personas y cada una de ellas comentábamos uno distinto. Fue breve y complicado cuadrar horarios y espacios para poder coincidir, pero cuando se dio, fue un lujo mirar los álbumes con otros ojos, desde otras perspectivas, aprender y hacer crecer el universo de cada uno de los álbumes elegidos. Un lujo de los grandes. En Monóvar andan intentando cuajar un club así y me encantaría porque me pilla cerca.

Con esta Biblioteca de los elefantes, siempre me quedaba la cosa esa de creer que se estaba mal aprovechando el esfuerzo y el punto de encuentro, me invadía la duda, el no saber cómo. Siempre echaba de menos esa parte conversacional.

Desde hace una semana, igual que este blog se actualiza automáticamente en la página de fan (me hace tanta gracia), la Biblioteca, también tiene su sitio en Facebook. Así que hoy, coincidiendo con un artículo que habla sobre uno de mis libros favoritos, me lanzo a crear un Club de Lectura de Álbumes Ilustrados. El Club de Lectura de los Elefantes, nace para hablar de libros que no se olvidan.

Usando los foros del Face, colgaré cada semana el título comentado en el blog con una breve o extensa opinión, más particular, con el ánimo de conversar. La intención es que cada persona que le apetezca, vaya a su Biblioteca Pública o particular y busque el álbum concreto y lo disfrute, lo lea, le busque, lo husmee, lo desconfíe, lo goce y, sobre todo, que todo ello lo comparta. La intención es mirar, leer, escuchar, disfrutar el libro con otros ojos, otros pareceres, otras manos, otras ideas, lenguas, culturas, miras, valores. Si miramos el libro desde muchos otros, lo acabaremos haciendo más nuestro y en ese nuestro cabremos más gente en este momento donde hay lugares en los que se dice que no cabemos todos.

Ojalá os animéis, me apetece mucho, mucho, aprender y hacer más grandes las páginas de cada uno de esos libros y, por supuesto, si te apetece hablar de algún título en particular, no dudes en proponerlo.

Esta semana empezamos con Juul un libro genial del que ya se puede leer mi recomendación en el blog y mi opinión en el foro. Un libro tan especial que merece ser el primero de este club. Un libro sin edad y con un universo lleno de abismos y de prados.

Y tú, ¿lo has leído?

Gracias.

JUUL

Escrito por Grecie de Maeyer e ilustrado por Koen Vanmechelen
Traducido por Nuria G. Santos y publicado por Lóguez, 1996

Juul es un libro que a toda persona que lo abre le deja intrigado. Y si lo lee, el impacto es inevitable. Un texto que refleja tanto la dureza como el cariño. En realidad es una historia de amor, de búsqueda de la aceptación, de sacrificio. Una historia que todo el mundo, en algún momento hemos presenciado, y más personas de lo que pensamos, como protagonistas. Juul es una historia de final feliz, pero a pesar de eso, deja el cuerpo helado, el alma contraída y la memoria en marcha.
Podría decir mucho sobre este libro que siempre que tengo ocasión lo enseño, que he leído, releído, que he soñado con ver la exposición que coordinó Paco Abril con las esculturas del libro, pero he encontrado quien lo ha hecho de forma magistral. Su nombre es Juan Mata, es profesor de las Ciencias de la Educación en la Universidad de Granada y, buscando información para no repetir y documentarme ante cualquier libro que comento, me he encontrado aquí, con este precioso, justo y loable artículo de su blog. Os dejo con su lectura y hablamos, si queréis, en los comentarios.

Feliz lectura, feliz semana.


13 de noviembre de 2009

A propósito de Juul

Cumplo hoy un deseo muchas veces postergado: escribir algunas reflexiones acerca de un libro que estimo particularmente, Juul, publicado en España por la editorial Lóguez y cuyos autores son Gregie de Maeyer y Koen Vanmechelen.

Desde su publicación en 1996, en Bélgica, Juul ha sido un álbum ilustrado muy controvertido, admirado por muchos y rechazado por muchos otros también. A nadie deja impasible. Estos días, como parte de las reflexiones que estoy haciendo con mis alumnos sobre el significado de la literatura y, específicamente, de la literatura infantil y juvenil, lo he presentado en clase. Su lectura, como viene ocurriendo desde hace años, ha conmovido, ha provocado debates intensísimos, ha reabierto heridas, ha hecho pensar, ha introducido la vida en la clase. Para quienes no conocen el libro les será difícil entender lo que supone leerlo. Únicamente diré que es un libro descarnado y sobrio, terrible y delicado a la vez, capaz de suscitar las catarsis más puras y los pensamientos más agudos. Esos son los argumentos que mejor hablan en su favor. Sentir y pensar: ¿qué más puede ofrecer un libro de ficción? Y hablo no sólo de lo que ocurre en un aula universitaria, sino de lo que origina también en centros de enseñanza primaria y secundaria o en bibliotecas. Es un libro que habla del dolor, pero también del amor. Habla del daño, pero asimismo de la reparación. La extrema violencia que a tantos espanta no debería hacer olvidar el gesto final de Nora, su compasión y su aliento. Es un libro turbador, hermoso, necesario. Léanlo y juzguen. (En la Red está reproducido el texto, pero me parece que pierde relevancia sin el acompañamiento de las ilustraciones. En este enlace pueden encontrar además un muy buen relato de una experiencia con niños en torno a Juul.)

Quiero aportar un texto que ayer mismo me entregó una alumna. Tengo su autorización para reproducirlo. Lo hago como testimonio de un sufrimiento y como demostración de las emociones que la literatura, a través de un pequeño álbum ilustrado, puede provocar. Y también como homenaje y agradecimiento a la alumna que tuvo el valor de hablar públicamente, pues fui testigo del esfuerzo que tuvo que hacer. Ella es en esta ocasión la portavoz de otras muchas víctimas, algunas de las cuales contaron su experiencia en clase. Otras callaron por pudor o por falta de fuerzas. O por no aparecer ante los demás con el estigma de ser una víctima, que es el castigo añadido que deben padecer. Su silencio es legítimo, pero no lo es el de los demás. El silencio de los consentidores o de los indiferentes los convierte en cómplices de los acosadores, de los que establecen su lugar en el mundo a partir de la humillación y el maltrato a los demás. Nuestro deber es dar voz y amparo a quienes en algún momento de sus vidas han soportado el golpe arbitrario de una palabra o de un puño. 



He aquí el texto que fue leído en clase y que luego me fue entregado. Por consideración, omito el nombre de su autora. Les ruego que lo lean con la conciencia de estar entrando en una intimidad dañada. 

Preferiría no haberme cruzado con este libro jamás. No dejo de reconocer que puede ser útil para la educación de los más pequeños, pero, sinceramente, creo que yo no estaba preparada para afrontarlo. Al llegar a casa rompí a llorar. Preferiría no haber recordado todo aquello que recordé cuando escuché esta historia. Puede que sea porque soy débil, quizás no, quién sabe. Quizás deba afrontar la realidad que presenta este libro y mirar hacia delante. Quizás debiera admitir que, como Juul, me deshago en piezas. Por desgracia, yo sólo sé mirar atrás. A veces el pasado es demasiado doloroso como para ser olvidado.

A veces el pasado quema. A veces el pasado mata. Al fin y al cabo vivir en el pasado no es vivir.

Algunos compañeros participaron en clase para hablar de los problemas que el libro planteaba, yo quise, pero ciertamente no pude. No podía articular palabra acerca de este tema. No podía hacerlo... no tengo fuerzas para ello.

Sé lo que es sufrir burlas y críticas de los demás acerca de tu físico y de tu persona. Pero también sé algo peor, recibir críticas de ti misma. Es increíble cómo la concepción que los demás tengan de ti y de tu físico te puede condicionar. Es increíble cómo sus burlas y comentarios pueden cambiarte la vida.

Ser tratada como alguien inferior, un ser grotesco o "desagradable a la vista", ser aislada por ello... ¿Quién es capaz de aguantar eso? Yo no lo fui. Aún no lo soy.

Sé lo que es dejar de comer. Sé lo que es sentirse obesa. Sé lo que es tener una imagen distorsionada de ti misma. Sé lo que es odiarse, sentirse siempre a disgusto e inferior. Sé lo que es sentir vergüenza de ti misma, odiar tu físico. Lo sé.

Es increíble cómo la opinión de los demás puede cambiarte. Sencillamente, increíble. Aún hoy en día mantengo esta sensación de desaprobación por parte de todos, por mi propia parte inclusive. Es cierto que ya estoy recuperada, pero si algún día luché por ello fue más por mis familiares que por mí. Odio hacer sufrir a los demás, pero sin embargo parece que no odio hacerme sufrir a mí.

Este libro me recordó mis días ingresada en el hospital, mis días sin asistir a clase... tantos días. Aquellos días en los que no era capaz de sonreír.

Hoy por hoy trato de serlo, sonreír, ser feliz. La verdad es que no trato este tema con mucha gente, por no decir que sólo lo trato con mis amigas de mi ciudad. Sin embargo, hoy me animé a hablar. Hablar para liberarme y olvidar. Hablar para dejar de pensar como pienso, sentir como siento, vivir como vivo.

Quiero tratar de ser feliz e intentar aceptarme tal y como soy. Ojalá algún día llegue a gustarme a mí misma. Prometo intentarlo.

Por ello, recomiendo la lectura de este libro, para que tanto acosadores como acosados, oprimidores como oprimidos, sepan las consecuencias que pueden tener las burlas y críticas que los niños suelen realizar. 

No todo el mundo es suficientemente fuerte como para afrontar esas cosas.

Yo aún no lo soy, pero algún día lo seré. 

miércoles 20 de enero de 2010

HABRÍA QUE...


Escrito por Thierry Lenain e ilustrado por Olivier Tallec

Editado por Kókinos, en el 2005

Con motivo de la cercanía del día de la Paz, me decido a hablar de este álbum que guardo siempre con especial cariño.

Es interesante que pinchéis en el enlace de Kókinos. Esta editorial prepara una presentación atractiva (con música y todo) por cada álbum ilustrado que presenta.

Habría que... es un álbum que me impactó por su texto más que por sus ilustraciones, aunque en ellas, si te vas fijando, también encuentras detalles, pero cierto es que son de esos trabajos que aportan poco más allá de lo que ya dice el texto. Tendría que resaltar, eso sí, su manejo del color que acompaña y armoniza la emoción que provoca el texto.

El texto, a modo de poema de rima libre pero con un ritmo uniforme, va poniendo en la boca de un niño las reflexiones que le surgen al mirar, desde su isla, el mundo.

Habría que... es un libro para la esperanza, para la reflexión, para el trabajo, para la búsqueda de alternativas, de caminos que nos lleven a un mundo mejor, más justo, más equilibrado, más limpio, más adecuado para el juego, la poesía y la vida.

Un texto lleno de sueños, con los que acabar con las guerras, sentarse en la orilla del mar para soñar, repartir el pan, la lluvia, la leche y la risa, abrazarse sin miedo y retozar en los brazos de la persona que tenemos al lado, un libro para pedirle perdón a la luna por la bandera que un día se le clavó, para respetar y cuidar a los bosques, al mar, a los animales, a las personas...

Dado que parte del trabajo de las emociones y trabaja con elementos como la luna, los árboles, los niños, la guerra, el mar, los sueños... se puede trabajar desde las edades más tempranas.

Se me ocurre que en el aula, o en casa, se puede trabajar un deseo semanalmente, redibujarlo, o plastinilearlo, o collagearlo, y rellenar las alternativas... ¿Qué se puede hacer con los fusiles? ¿cómo podemos atraer a las nubes? ¿Nos sabemos una danza? ¿Nos la inventamos?

Feliz lectura. Feliz semana.

lunes 11 de enero de 2010

UN BICHO EXTRAÑO


Escrito por Mon DAPORTA e ilustrado por Óscar VILLÁN
Editado por Factoría K de libros, Kalandraka en 2009

Un libro de página dura (con lo que facilita la tarea a personas de poca edad o con la motricidad fina gruesa), escrito en versos de ocho sílabas, que sigue la estructura de los cuentos de nuncaacabar partiendo de algo que parece un huevo al que le van saliendo cosas hasta convertirse en un animalillo pasando por ser un bicho raro, pero que cuando llegas al final, al darle la vuelta al cuento la historia continúa desde el animalillo, por una ventolera, vuelve a ser un bicho raro, hasta llegar a ser el huevo del inicio, pero que al darle la vuelta al cuento...

Un libro muy bien editado, con unas ilustraciones sencillas pero clavadas, en tres colores y con un texto que crea una orla interesante y curiosa alrededor de cada ilustración. Un libro para disfrutar en familia, o en clase, que nos enseña cómo leer puede ser algo muy divertido.

Además al ser en verso podemos buscarle una canción, aunque sea un rap, y de paso, leemos, jugamos, cantamos, compartimos un rato y trabajamos el ritmo. Todo en uno, mejor que el Carrefour.

Podemos, además, buscar los bichos extraños que guardan algunos objetos de nuestra casa, poniéndole un par de ojos a un salero, o una nariz a un tapón de botella, o unas manos al tenedor (que se convertirá en rey o reina, o punky, o una cuchara con susto o...) o...

¿Qué se te ocurre? ¿Cuántos bichos extraños conviven en tu casa? Además sabemos que ...si le damos la vuelta al cuento...

Feliz Lectura. Feliz semana.


martes 5 de enero de 2010

Donde viven los monstruos

Cierto es que hay libros que te apasionan. Otros que te atrapan. Alguno que no olvidas nunca. Escasos los que te acompañan en tu cotidiano y, como el aroma de un viaje estupendo, o el sabor de una noche apasionada, regurgitan a tu mente, palabra o vida. En mi caso, solo dos cumplen estas condiciones. Uno de ellos es del que habla este artículo tomado de El país.

Aún excitado por las palabras de Elvira Lindo, copio, pego, comparto y grito lo que en él se dice (al margen de la ausencia del género neutro), con el pesar y la calma de no haber visto aún su versión cinematográfica. Las negritas son mías. ¿Son tuyas también?



ELVIRA LINDO OPINIÓN

Y la cena estaba caliente

ELVIRA LINDO 03/01/2010

Hubo un tiempo en que a los editores de libros infantiles se les empezó a poner cara de pedagogos y dejaron de pensar en lo que podía agrandar la imaginación de los niños para exigir que se escribieran cuentos saludables para esos seres delicaditos que no sabían nada de la vida. Hablamos de corrección política como si fuera una cosa de ahora pero los autores infantiles llevan sufriendo censuras desde hace décadas. Por fortuna, los espíritus rebeldes siempre esquivan las odiosas reglas. Maurice Sendak fue uno de esos seres que dibujó y escribió aquello que le pedía el corazón. Una de estas tardes lluviosas me metí en el cine para ver la versión que se ha hecho de ese clásico de la literatura que es Where the wild things are (Donde viven los monstruos).Siendo en versión subtitulada, todo el público era adulto. Mucha educación bilingüe pero somos incapaces de llevar a un niño de doce años a ver una película con subtítulos. Sigo con el cuento. La historia es muy sencilla; en la película, por supuesto, se extiende, pero conserva toda su fidelidad al libro: un niño rabioso y melancólico, sin que sepamos cuál es el origen de su melancolía, desafía a su madre hasta que ésta le castiga sin cenar; sale corriendo de casa, llega al mar, se monta en una pequeña embarcación y alcanza esa isla donde habitan los monstruos, sus iguales. Pasa un tiempo siendo el rey de los monstruos, desahogando su agresividad, en una especie de fiesta bárbara, divertida y brutal, hasta que la violencia se desata de tal manera que él mismo trata de poner paz, poniéndose en el papel de su madre, echándola de menos y deseando volver a casa. Cuando regresa, la cena le está esperando. Maurice Sendak remata el cuento con una de las frases más hermosas de la literatura infantil: "Y todavía estaba caliente". Este pequeño libro que muestra una fantasía infantil desatada fue muy controvertido cuando se publicó, en 1963. Unos se rindieron a él sin condiciones y otros, los fanáticos de la sobreprotección, alertaron de las pesadillas que los monstruos podían provocar. Sendak contaba con ironía que mientras los pedagogos tachaban el libro de perturbador los niños le enviaban dibujos con monstruos mucho más aterradores que los suyos. "Queremos protegerlos de los cuentos y, sin embargo, nadie les protege de la tele". Cierto, la liga de sobreprotectores ha funcionado con gran eficacia censurando libros en un mundo en el que a diario le llegan al niño mensajes groseros en programas que están de fondo en la vida familiar. Mientras me entregaba sin reservas a la poesía de la película de Spike Jonze, que recomiendo a todos los amantes de monstruos, niños solitarios y madres superadas por la energía de un hijo incontrolable, pensé en ese hombre, Maurice Sendak, que nació en Brooklyn en 1928. En la mente infantil de Sendak rondaban las historias que su padre, un sastre judío polaco, le contaba de la aldea de la que provenían, pero también latía en su corazón la pasión por Fantasía, la arrebatadora película de Disney que él disfrutó a los doce años y que la progresía europea tildó durante décadas de reaccionaria. De fondo, ese Manhattan que al otro lado del East River se le presentaba como un sueño de prosperidad. Todos esos universos están en él, con su crueldad y su dulzura. El sarcasmo de los cuentos judíos de la vieja Europa, el retrato severo del abuelo que presidía el comedor y al que el niño Maurice consideraba Dios y Mickey Mouse. La imaginación compleja de un hijo de inmigrantes en los años de la depresión americana, los recuerdos de cualquier niño de esa época, que él, con enorme talento, tradujo en ilustraciones. De esa mezcla poderosa del viejo y el nuevo mundo se nutrió su fantasía. "Un artista", dice Sendak, "ha de ser salvaje y desordenado, ha de tener una vena de su infancia abierta y viva que le confiera un don especial". Absurdamente, el adulto suele relegar el mundo de la fantasía a los niños, así que de no trabajarla, la capacidad de imaginar se pierde. En la generación de mi padre, por ejemplo, muchos hombres despreciaban la ficción, la consideraban un entretenimiento de mujeres. Cuando esos hombres se han hecho ancianos y han relajado su defensiva masculinidad vuelven a entregarse a la ficción como cuando eran niños, y son capaces de disfrutar de series de la tele o de novelas. Es un fenómeno tan frecuente que debería estudiarse. También me sorprende que a estas alturas haya intelectuales que practiquen una tendencia machacona a denostar la ficción contraponiéndola al ensayo. Me parece una negación inaudita del disfrute y de la evocación. Prefiero una mente desprejuiciada como la de Sendak, el anciano salvaje y desordenado que consiguió vivir sin renunciar a sus fantasías. Y me gusta ser una más de estos adultos que se han refugiado una tarde lluviosa en el cine para aprender algo de esta pequeña historia. Yo soy ese niño que a veces quiere viajar a donde viven los monstruos, y quiere protestar, morder, sacar su lado salvaje, hasta que, de pronto, se da cuenta de que en el desfogue de la barbarie siempre hay alguien que termina herido. Yo soy también la niña que saciada de aventuras quiere volver a casa donde alguien que te quiere te mantiene la cena caliente.