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    LAS CENAS CONTADAS y III


    Foto de José Francisco de Antonio Ignacio Sanz Contando

    Ya está. Ya acabé con gusto y agrado este libro de cuentos.

    Treinta y cinco capítulos, treinta historias de las que once son buenas, ocho muy buenas y seis una auténtica delicia.

    Un libro bien estructurado y macerado que va manejando las historias con una sabiduría emocional que se va manifestando conforme nos vamos adentrando en el libro. 

    He encontrado algo que me apasiona que me ocurra cuando leo. Practicamente a todos los cuentos les brotan cuentos. Están llenos de palabras, de recodos que incitan a parar y asomarse. 

    Cada cuento de Cenas Contadas tiene ventanas a otros cuentos también tranquilos y bellos, como los que dominan el libro.

    Además, a cuarenta páginas de acabar el libro, el autor nos mete de lleno en ese realismo mágico donde vivos y muertes son mezcladas con suspense de metrónomo creando una tensión excitante. Para rematar coloca al final dos historias preciosas y un cierre de lujo con el capítulo Resistir.

    Los agradecimientos te dejan respirar, como los últimos truenos de un espectáculo pirotécnico durante el que la respiración ha tenido que ir buscando sus huecos y que son como un beso de agua salada.

    Algunas historias, ya digo, auténticas delicias. El libro es una sesión de cuentos. De hecho uno se ve ahí, en Venta Silvina, rodeado de personas por las que uno va sintiendo más y menos simpatía y de alguna, se enamora, pero respirando ese ambiente en general y en particular cada historia.

    Un libro que a cada tanto decubres una nueva palabra. Frases muy bien estructuradas, historias muy bien escritas. Un vocabulario, insisto, exquisito y que uno anda, con gozo, leyendo con los dos tomos del diccionario a un lado de la mesa, del sofá, de la cama o de la huerta.

    Un libro de cuentos que, además, se va convirtiendo en un alegato a favor de la vida tranquila y de la oralidad, a favor de la búsqueda del tiempo tanto para contar como para escuchar, un tiempo que al final se convierte en tiempo para parar, tiempo para vivir, para gozar y disfrutar de este baile que se nos regala cada día.

    Historias tranquilas, cercanas y grandes, muy grandes por dentro. 

    Vaya sorpresa agradable me da D. Ignacio Sanz, que ya hablando con él descubres que habla como un caballero, le decía yo, entre risas. Sí, ¿verdad? respondía él, sin ostentación ni soberbia alguna.

    A las personas que les gusta escuchar cuentos, les encantará el libro. 
    Las personas que nunca asistieron a una sesión de cuentos para público adulto, acabará con unas ganas locas de ir a una. 

    Acabo con unas frases del último cuento:

    Contar y escuchar historias resulta un regalo impagable.

    Por eso contar es necesario, tan necesario como comer.

    La palabra es un bálsamo reparador, una fiesta.

    Eso. Voy con otro de la misma editorial. Otro escruto por otro gran narrador: Nicolás Buenaventura. Ya os cuento.

    Por cierto, si pincháis el libro de Cenas contadas en este enlace, podréis leer su primer capítulo: Alejandra. 

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