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    EL GRAN VIAJE DEL SEÑOR M.


    a. GUILLES TIBO
    t. Pedro A. ALMEIDA
    e. Kalandraka, 2008


    Cuando su hijo murió, el Señor M. lo dejó todo. Solo se quedó con un osito de lana y una silla.

    Con estas dos frases comienza esta inquietante historia que nos lleva de la mano del Señor M. a recorrer el mundo buscando algo que precisamente ésa pérdida no va a permitir encontrar nunca. 

    Viajar en el techo del vagón de un tren, cantar nanas en un parque de columpios, invadir la pista vacía de un circo vacío... Llenan de una soledad densa el viaje sin rumbo de este personaje de sonrisa triste.

    Pero como suele pasar, toda búsqueda nos lleva a algún encuentro, sea el buscado o no.

    En este caso, la deriva del Señor M. encuentra un cambio de ritmo cuando se encuentra con un niño que acaba de sufrir otra pérdida, producida ésta por una guerra.

    Dos personas: un hombre y un niño; dos peluches y dos sillas de madera desde las que contemplar el mundo, desde las que compartir los huecos, los silencios, desde las que contemplar y caminar la vida.

    Un libro lleno de palabras justas y silencios. Un libro que te inunda de soledad. Un libro también lleno de sonidos; suena a brisa a veces, a viento otras, a nanas en voz baja, a columpios vacíos, a noche, a lágrimas lloradas a solas, a sonrisas huecas compartidas, a sillas vacías y rodillas juntas al lado de un fuego, y también a sonrisas llenas aunque tan tímidas como sinceras. 

    Rompe esta melodía, por su fuerza, el rugir de un tren en la huida y el ensordecedor furor de un bombardero.

    Los tonos de las ilustraciones son, a menudo, tan nostálgicos como el texto y tiñen de calma el libro.

    He encontrado esta mención también en un blog por el que merece pasearse de vez en cuando.

    Un goce de historia y de libro. ¿No os parece?

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