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    EL TOPO QUE QUERÍA SABER QUIÉN SE HABÍA HECHO AQUELLO EN SU CABEZA


    a. Werner HOLZWARTH
    i. Wolf ERLBRUCH
    t. Miguel AZAOLA
    e. Altea, 1991
    Este cuento es un clásico. De hecho existe todo un merchandising alrededor del cuento, desde mochilas, hasta los muñecos protagonistas en peluche y resina dura. Recientemente han sacado una versión en pop-up, esos libros de los que parece salir el cuento hacia la persona que lee, pero está muy reducido, le faltan bastantes animales.

    La historia es divertida. Rectifico: muy divertida. El topo protagonista de la historia, se asoma un día por su agujero para ver si ya había salido el sol y le cae un zurullo en la cabeza. Asombrado e indignado ante tan poca educación se dedica a investigar a lo largo de todo el cuento quién le ha hecho aquello en la cabeza, de hecho, se pasea por las páginas sin quitarse aquella "ensaimada" de su testa.

    Le pregunta a la paloma, al caballo, a la cabra, al conejo, a la vaca, al cerdo... y cada animal le caga para que pueda ver que sus excrementos son distintos al que él porta. Al final, con la ayuda de unas moscas, se entera de que ha sido Hermenegildo, el perro del carnicero y, ahora sin caca, se va dispuesto a vengar su afrenta. Vengado, feliz y contento desaparece de nuevo en su agujero.

    En la red podemos encontrar bastantes cosas sobre el cuento: el cuento contado en pop-up, una propuesta con casi todo el texto para cambiarle el final, podemos encontrar incluso un video del cuento en alemán que copio y pego:





    Es un cuento, insisto, divertido. Un cuento de animales (salvajes, de granja, domésticos... hasta insectos), un cuento de cacas (siempre hace gracia a los niños, se dice, pero los adultos se mean también), un buen misterio y una mejor investigación. La solución llega con la cooperación de otros y, a parte, podemos ver los distintos tipos de excrementos. Es un cuento que funciona... PERO

    Y pongo el pero en mayúsculas porque me parece importante. Éste es uno de esos cuentos que siempre pongo de ejemplo sobre el mensaje que va por detrás; ¿qué no está diciendo el cuento?  ¿qué podemos entender?

    Sin duda alguna, estamos hablando del ojo por ojo. El topo no queda tranquilo hasta que no se caga en aquel quien le cagó, y a mí, particularmente, no es un mensaje que me agrade proclamar y menos entre l*s niñ*s.

    Tuve mis reticencias(2) a la hora de contarlo hasta que le encontré un final que me convenció... y así lo cuento. Y tú, ¿le has encontrado otro final o te sirve el original?

    3 comentarios:

    Lara dijo...

    Nunca me había planteado cambiarle el final al cuento. Es un final que ridiculiza hasta tal punto el "ojo por ojo" que no había reflexionado sobre el mensaje. Tampoco creo que la literatura deba encerrar en sí un mensaje hacia los niños. Me gustan las historias irreverentes como ésta, o como los "Cuentos en verso para niños perversos" de Roald Dahl, o "El pulpo está crudo" de Pescetti.
    Este debate me recuerda al maravilloso relato de Saki, "El contador de cuentos", recientemente recuperado por Ekaré y deliciosamente ilustrado por Alba Marina Rivera, contra la función moralizante de la literatura.
    Por otro lado, me muero de ganas de oírte contar "El topo que quería...". Sólo tuve el placer de escucharte (supongo que serías tú, no debe haber muchos Félix Albo por el mundo) en Gijón hace tiempo contar para adultos, y me hiciste reír y llorar a partes iguales. Impresionante.
    www.elbosquedelamagacolibri.es

    Félix Albo dijo...

    Un placer. Conocí tu librería virtualmente hace una semana y tenia el enlace para mirar despacio. Gijón es una ciudad de sueño donde cada año se daba la fiesta de la palabra en el festival de noviembre... a ver si lo podemos recuperar... Sería todo un lujo, claro.

    Respecto a la función moralizante de los cuentos, es algo que suele suscitar discusiones que no llevan a ningún lado. Si con un grupo tuviera la oportunidad después de trabajar el libro, no tendría problema alguno, como no lo tengo con La Isla, de Lóguez, que trabajo en secundaria. Pero que quede ahí al aire, el mensaje del "ojo por ojo" o queden las dudas que esto pueda crear, o en casa o en el aula no se hable el tema, me lleva a cambiarle e final a uno donde la palabra tiene un elemento no solo herramienta resolutiva sino conciliadora.

    Quizá sea una manía, o un miedo, o las dos juntas. El cuento tal como está es un éxito pero le sigo poniendo el pero.

    Gracias por tu opinión, ojalá sea la primera de muchas.

    Lara dijo...

    Sí que sería un lujo que recuperaran el festival de la palabra. Lo conocí en su última edición (llevaba años fuera de la ciudad), gracias a que Maricuela y Yosi visitaron la librería. Fue entonces cuando te escuché contar, y me gustaría poder tener otra oportunidad para hacerlo.
    Hasta entonces, te seguiré leyendo...

     

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