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    EL HIGO MÁS DULCE


    A. Chris Van Allsburg
    I. Chris Van Allsburg
    T. Francisco Segovia
    E. Fondo de Cultura Económica, 1995

    La pasada primavera me animé a contar esta historia para el alumnado más mayor de primaria. Funcionó. Funcionó por lo llamativo de su personaje, el Señor Bibot. Un dentista correcto, al que le gusta tener su apartamento impoluto y que tiene un perro blanco de patas tan cortas que no llega a los escalones que se llama Marcel, al que, la verdad, no trata nada bien. 

    Una mañana atendió a una anciana que no tenía cita. Tal vez tenía tiempo de ganarse unos cuantos francos más. Le tuvo que sacar una muela. A la hora de pagar, la paciente le dijo que no tenía dinero, metiéndose su mano en el bolsillo y sacando de éste un par de higos.

    - ¿Higos? -dijo él, enfadado.
    - Estos higos son muy especiales -susurró la mujer-. Pueden hacer que tus sueños se hagan realidad. -Le guió un ojo y se llevó un dedo a los labios.

    (Este gesto me encanta). No me digáis que no es sugerente la idea de poseer unos higos que pueden hacer realidad tus sueños. Naturalmente, Bibot pensó que la mujer estaba loca, aunque esa noche se comió uno de los higos y comprobó que era el higo más dulce que jamás había probado. A la mañana siguiente, al sacar a pasear (sin consideración alguna) a Marcel, comprueba de una manera poco decorosa para su reputación, que su sueño, efectivamente, se había hecho realidad. La lástima fue que era un sueño absurdo, fútil, inane.

    ¿Qué harías tú sabiendo que te queda un único higo mágico capaz de hacer realidad tus sueños? Bibot se dedicó a trabajar el hipnotismo y decidir sus sueños antes de acostarse. Por supuesto, en su sueño, aparecía la riqueza sin límite, la ostentación, el bienestar material, pero ni rastro de Marcel, es más, lo iba a cambiar por media docena de gran daneses.

    Cuando ya está debidamente entrenado, llega el día. Pero, cuando Bibot se levanta de la mesa para coger un poco de queso para acompañar al higo, ocurre algo inesperado. Marcel se come el higo. Bibot se enfada muchísimo y, a la mañana siguiente...

    Hasta ahí puedo leer. Solo decir que es un final en el que la persona que lee tiene que discurrir un poquito, poquito nada más, pero tiene que hacerlo, si no, no le ve la gracia del final. Un final, además, que después de discurrir, a la mayoría, les brota una sonrisa medio pícara en la boca mientras dicen un ¡ah! de esos largos.

    Una historia muy bien elaborada, con una definición pausada de su personaje principal y matizada por las ilustraciones en tonos grises, ocres y blancos, muy realistas y limpias. Hechas a lápices de colores, creo (mira que me da rabia que no expliquen la técnica de ilustración, o por lo menos la nombren) que manifiestan con la vestimenta, los objetos del apartamento, por ejemplo, más aspectos de la personalidad de Bibot, los puños cerrados, el enfado cuando la mujer le da los higos... y así todas las páginas de este libro.

    Otro de esos pequeños placeres.

    Feliz lectura. Feliz semana.

    4 comentarios:

    Rose dijo...

    Pues ni rastro en ninguna biblioteca. Pues este sí que me va a resultar difícil de encontrar... Qué pena, porque me has dejado con la miel (o con el sabor de los higos) en los labios...
    Feliz resto de semana.

    Félix Albo dijo...

    Pues vaya rollo. Yo sí que lo he visto en alguna de las que he ido a contar, pero cierto es que no es muy común. Sigue buscando, porque es un libro que está muy bien. Y si no, ya sabes, una desiderata y a intentarlo.

    Abrazos y gracias por comentar.

    Anónimo dijo...

    Yo lo leí en la primaria, vaya, será dificil poder encontrarlo ahora. Sin embargo, puedo decir que es uno de mis libros favoritos. Gran final jaja me encanta.

    Félix Albo dijo...

    El final es sorprendete, sí.

    Mmmmm ojalá lo reediten...

     

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