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    MADLENKA


    a. Peter SÍS

    i. Peter SÍS
    t. Alejandro PÉREZ Viza
    e. LUMEN, 2001


    Madlenka es una niña que vive en cualquier piso de cualquier bloque de cualquier calle de cualquier urbe de cualquier país de cualquier continente de este mundo que está en el universo que conocemos poco. Muy poco. Este zoom, pero a la inversa, es el que nos introduce en un momento concreto de la vida de Madlenka. Se le mueve un diente. Su primer diente. Se está haciendo mayor y lo considera tan importante que se lo quiere contar a todo el mundo.

    Para ello sólo tiene que bajar a la calle y dar una vuelta a la manzana. Allí le esperan un panadero francés, un heladero italiano, un verdulero latino (boliviano me parece a mí), un kiosquero hindú, una vecina mayor alemana, una dependienta asiática de una tienda de variedades y una amiga de piel oscura con la que convierte el jardín interior del edificio en océano o en desierto o en jungla, llenándolo de rinocerontes, de águilas, de leones, tiranosaurios rex, dagrones de komodo y de músicas bailables que suenan a lo lejos o bien cerca con tambores, timbales o gaitas.

    Cuando llega a casa, se encuentra con su padre y madre que le increpan por haber llegado tarde. ¿Dónde has estado? le preguntan.

    Dando la vuelta al mundo es la respuesta.

    Cada personaje nos regala una ilustración con aspectos relevantes de su cultura, tradición, historia y literatura, insinuando un montón de puertas para poder hablar y contar de cada parte de la tierra unidas por una ilusión, con naturalidad y curiosidad.

    Una historia llena de tantas historias como queramos. Una historia que nos plantea una sociedad cercana (no ya la del barrio, sino la de la manzana, la del edificio en el que vivimos), multicultural, conciliadora, armónica y que aprovecha la diversidad y la diferencia como una oportunidad para enriquecer. ¿No es una sociedad más lógica? Ojalá la sociedad del futuro inmediato (¿o es ya un presente?) no difiera del vivir la diferencia como una fiesta y un impulso y no como una traba o con temor.

    El trabajo de ilustración nos sorprende con unas perspectivas poco usuales, a veces extrañas de entrada, pero que nos permiten girar el libro conforme lo vamos leyendo, conforme lo vamos jugando. Un trabajo que sigue y crece en la "segunda parte" del libro que lleva por título El perro de Madlenka. Pero de este ya hablaremos otro día.

    ¿Y si en casa cocinamos un plato para cada historia? O ¿acaso no podemos ya acceder con facilidad a gastronomías típicas de cada país? Algunos platos ya están tan introducidos que, sintiéndolos como nuestros, hasta nos sorprendería conocer sus orígenes.

    ¿Tenemos ganas de jugar? ¿de leer? ¿de curiosear? ¿de contar? ¿de aprender? ¿de hablar con ese vecino que no sé si es ecuatoriano, o boliviano, o peruano y que nos diga qué es eso de la salteña, por ejemplo? Este es un buen libro para todo ello y lo que se nos ocurra a partir de ahí.

    Feliz lectura. Feliz semana.


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