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    EL ÁRBOL ROJO



    . escribe e ilustra Shaun Tan
    edita Bárbara Fiore en el 2006
    ISBN. 978 84 93481 11 7


    a partir de  3 6 9 12 16 ad

    . comentado por Félix Albo
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    Escrito e ilustrado por Shaun Tan
    Editado por Bárbara Fiore, en el 2006

    ¿Quién no tuvo en su vida un día malo? Pero malo, malo. Y si solo fuera un día, ¿verdad?

    ¿Quién no sintió alguna vez que todo respiraba en su contra?
    ¿Quién no pensó que el mundo se acababa? ¿Que nada tenía sentido? ¿Que gritaba debajo del agua? ¿Que apenas tenía fuerzas para gritar? ¿Que se le había desbocado la vida?

    ¿Quién no oyó el sarcasmo de tú montas un circo...? ¿Quién no deseó desaparecer? Tierra trágame, hoy mejor no me levanto, no estoy para nadie ¿Quién no ha necesitado alguna vez encontrarse, sin conseguirlo? ¿Qué hago con mi vida? ¿Qué quiero? ¿por qué? ¿para qué?

    ¿Acaso no has sentido miedo de dar un paso más, de abrir una puerta, de descolgar el teléfono y no encontrar a nadie al otro lado?

    "No hay túnel que dure cien años mi vida" comenzaba María Elena Walsh en su Viento Sur.

    El árbol rojo es una historia de una protagonista sin nombre porque podría llevar cualquiera, incluso el tuyo, o el mío.

    A veces el día empieza vacío de esperanzas -es su primera frase y así empieza, con una niña que se levanta a una hora en punto y se encuentra con un día caduco, de esos que parece que todo se te viene encima, un día que sabes que va a pasar lento y el autor/ilustrador/magnífico creador de ambientes Shaun Tan, nos hace un guiño con un caracol con rastro...

    El agobio, el abatimiento, la soledad, el silencio, la oscuridad, el lento pasar del tiempo, la búsqueda, el mal presentimiento, la "individualidad", el caos, la inmensidad, la desorientación, la pérdida, la vergüenza, la sordidez, la búsqueda, son materiales con los que Tan trabaja y va plasmando en esta obra que, si no tienes referencias anteriores del autor, no puede más que sobrecogerte, y te agarra desprevenido y te remonta, y te refleja...

    "Tan" crea universos, en este caso llenos de contrastes y de símbolos que lejos de aliviarte, de abrirte una ventana, te meten más, te incitan a rebosarte más arriba del cuello, hasta que no puedes respirar. Sin violencia alguna, poco a poco, como poco a poco llega las canciones del agobio en estas situaciones. Un público ensombrerado, homogéneo y gris, un apuntador diablo, un huevo esperanza de vida enjaulado, una sombra de ti mismo, un mar nada azul y saturado de inmensos buques, una espiral dentro de otra y de otra y de un mundo en espiral, que te hace pequeñito, más incluso que el caracol de la primera página, una ventana con escalera igual a miles de ventanas con escalera, caretas, que tapan caretas, voces fuertes, escaleras infinitas, personas cabizbajas, con quehaceres diarios y aislantes de la persona que tienen al lado, un camino terrible cargado del pesado azar, un títere de ti mismo... Y así cada página llena, repleta de símbolos que, imagino a cada quien le dirán una cosa u otra.

    No te preocupes, tiene un final suave, cálido y arropador. Un final que te anda invitando a buscar durante todo el libro. En cada página, hay una hoja, una hoja de ese árbol rojo, tan deseado, tan añorado y que nos identifica, por eso una hoja de ese árbol corona el cabezal de la cama de la protagonista. Una hoja en ocasiones realmente difícil de encontrar entre tanto ruido, tanto silencio, tanto universo fatídico, tanto detalle sin sentido, tanto símbolo repleto.

    Tiene un regalo añadido, y son sus guardas y contra guardas. Las primeras en gris, las últimas, en rojo. Todo un abrazo al final del libro que cobra sentido en su versión de tapa dura. En este caso sí que vale la pena pagar los tres o cuatro euros de diferencia entre un formato y otro.

    El árbol rojo es un libro para leer pausadamente, para relamer, para evocar. Un libro, por supuesto, para compartir desde las generalidades y, dependiendo de la confianza, compartir desde las particularidades.

    Es un libro para leer en voz baja, o gritando.

    Es un libro de paseo por calle empedrada y recién llovida, por playa tranquila en día de invierno, por noche de luna muerta, pero no, no te preocupes, no está muerta, solo está escondida y por poco.

    Vuelve a nacer. Como siempre. Por suerte, la vida es así.

    Un libro que nos enseña a caminar la vida incluso cuando se hace duro encontrar cómo disfrutarla.

    Un goce. Un lujo. Un viaje. ¿Te vienes?

    Feliz lectura. Feliz semana.


    2 comentarios:

    Agnès dijo...

    Un libro precioso. De los pocos que hacen sentir al lector la desesperanza de la protagonista como suya, con poquísimo texto, pero con las imágenes de Tan, algunas veces, espeluznantes (¡da miedo navegar en el frágil barquito de la chica protagonista!).

    Suerte que los nubarrones se "abren" y aparece el color rojo (esta vez no es el verde el color de la esperanza).


    "Estación claridad, vamos llegando"




    Un saludo,

    Agnès

    Félix Albo dijo...

    Gracias Agnés.

    me ha encantado:
    estación claridad, vamos llegando.

    Buen día.

     

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