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    EL MAGO DE LOS COLORES


    escrito e ilustrado por Arnold Lobel 
    editado por Corimbo, en el 2004 
    traducido por Margarida Trias  

    En un mundo gris, blanco y negro, hay un hombre que, tras asomarse a su ventana y pensar que algo no va bien, se dedica a hacer pócimas mágicas y hechizos maravillosos en su sótano, para divertirse y olvidar el mundo gris de fuera. 

    De la evasión, la preocupación y el evitar aburrirse, este Mago, crea un color: el azul.  

    Y lo pintan todo de azul. Pero esa no es la solución, así que el Mago se pone manos a la obra y crea el amarillo. Y se pinta todo de amarillo. Pero tampoco. Y crea el rojo, y lo mismo, y tampoco. Y buscando, trabajando, investigando, junto a la desesperación, llega el desastre, y con el desastre la solución. Los colores se mezclan, se diluyen, se confluyen, se crean a sí mismos y la gente feliz los va utilizando para pintar el mundo de colores que hoy tenemos. 

    Un libro más que curioso, que partiendo de una idea sencilla, posee elementos tan especiales como el vínculo de los colores a las emociones, representadas no sólo en el texto, sino matizadas por la expresión de sus personajes. Una sociedad pendiente de las ocurrencias y soluciones de una sola persona, el Mago, que no duda en poner al servicio de su comunidad, sus inventos, sus descubrimientos, sin venderlo, sin convencerles de nada. Simplemente el Mago, pinta su casa ,su valla con cada color nuevo que inventa y la gente le pregunta y él lo presta. Sin más. 

    Sobre vuela la idea de que un mundo diverso es mucho más rico e interesante que un mundo monocolor, por suerte no solo visualmente, sino a nivel emocional, relacional, social. Lo distinto no es malo, más bien lo contrario, lo distinto, lo diferente, es una oportunidad al asombro, a la curiosidad, a la fascinación, al interés, a la imaginación, al atrevimiento, al juego, al disfrute. 

    El texto posee un ritmo variado, igual que su maquetación, curiosa, ya que en cada página nos sorprende con una colocación del texto distinta respecto a la ilustración. A veces están enmarcadas, a veces no, a veces ocupan la hoja entera, otras van fileteadas... Hay detalles incluso que se salen de su propio marco. Esto dinamiza la lectura, crea interés. 

    El protagonista es el prototipo de hombre guapo: gordico y con barba ;o) 

    Feliz lectura. Feliz semana. 

    Félix Albo 

    Previendo: El pequeño rey de las flores, de Kvèta Pacovská 
    Recordando: Andamos leyendo El río que se secaba los jueves, de Víctor González. Hasta el viernes, desde el prólogo hasta el capítulo II, página 73.

    1 comentarios:

    Inma Ruiz dijo...

    Es uno de los cuentos que suelo contar a menudo. Me gusta porque refleja mucas cosas, ese mago generoso que no duda en buscar una pción nueva tras otroa mientras sus vecinos le exigen una y otra vez y le reclaman cuando ya no les gusta el color haciendole culpable de ello.
    "Haces mil y nadie se da cuenta, haces una y no has hecho ninguna".
    Que gran verdad.

     

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