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    El río que se secaba los jueves II


    El capítulo segundo del libro se llama Por arte de magia. Es quizá más corto que el anterior, y a pesar de ya habernos metido en la dinámica y melodía del libro, no deja de sorprendernos. En este caso son diez cuentos, breves, menos uno, que es un poco más largo, pero breve también.

    Ya le voy pillando el truco yo a Víctor González en este libro. Son los principios. El principio de cada cuento siempre tiene una frase inquietante. Fíjate, por ejemplo:

    El río que se secaba los jueves traía de cabeza a todo el mundo.

    Un hombre tenía un árbol en el jardín que, en verano, en vez de frutos daba huevos.

    Un niño tenía un paraguas debajo del cual siempre hacía sol.

    Una vez el rey de Creta se enfadó tanto que encerró a su hijo en un cofre y mandó que lo arrojaran al mar. Después se arrepintió.

    Y así todos. Son geniales. Se pueden utilizar incluso como sugerencia de ejercicio creativo. La primera frase y a ver qué sale. Y después... los leemos todos, a ver quién adivina cuál es el que está publicado en el libro. 

    Este libro está lleno de puertas. De puertas tras las que hay caminos que nos llevan cruzando mundos tan mágicos como desconocidos. En esto, el autor, es un maestro. A veces cuenta cosas impresionantes, como el Árbol ovíparo, pero con naturalidad, el final normaliza la genialidad, y se marcha sin ruido. Se marcha a otro cuento en el que ocurre lo mismo. El principio te hace coger aire para leer y las letras te llevan te llevan aunque la mente ya se quiere ir, pero cada renglón te lleva hacia un final que, en mi caso, nunca espero. Bueno, siendo sincero espero, pero soy incapaz de imaginar. Espero lo inesperado. Un lujo, vaya.

    El cuento con más puertas, desde luego, es el que ha dado lugar a esta lectura en grupo. ¿Te acuerdas? Es el de Los diez árboles mágicos. Me sigue teniendo encandilado. Bueno, no. Me tiene aún más, como lo que me liga a él. Pero creo que cada árbol guarda tantas historias dentro, que podríamos dedicar un día a escucharlas y aún se quedarían muchas historias sin contar.

    Los dibujos de Amargo van cobrando intensidad. La zorra, el genial cocodrilo, el paraguas y el gondolero... No podría elegir. bueno, sí. Elijo todos.

    ¿Seguimos? ¿Nos metemos con el capítulo tres? El martes lo comento. Y el cuatro para el viernes. ¿Ya habéis encontrado el libro? De todos modos a este ritmo es fácil pillarnos.

    Abrazos y gracias.


    2 comentarios:

    Víctor González dijo...

    ¡Vaya! Me acabo de encontrar esto curioseando por ahí... Mil gracias. En serio. Como no estoy en círculos literarios ni nada que se le parezca y casi ni siquiera me considero un escritor, estos inesperados elogios me ruborizan bastante (por suerte esto no se nota en internet y además estoy solo en casa, así que nadie puede ver el inesperado tono "tomate" que ha adquirido mi rostro repentinamente), aunque me encantan, eso sí. Como a cualquiera. En cualquier caso me alegro de que te haya gustado el libro. Gracias otra vez por los comentarios, y un abrazo (o mil),
    Víctor González.

    Félix Albo dijo...

    Vaya. Ahora el que se ruboriza es uno, que no le ha pasado eso de que el autor ande por aquí leyendo lo que uno, desde su opinión como lector, propone y dispone del mejor hacer que sabe lo que le da tiempo a leer, en el caso de tu libro, y sin loar en exceso, a disfrutar.

    Qué me queda. Invitarte pues a que nos cuentes, qué hay detrás de todo universo genial y único que planteas.

    un lujo Víctor. Gracias por pasarte y dejar huella y, gracias por escribir este genial libro que andamos leyendo, de poco a poco. Nos quedan tres semanas... ¿te animas?

     

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