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    El río que se secaba los jueves, prólogo y I


    Nos encontramos ante un libro especial. De entrada hay que reconocerlo. 

    Ya el prólogo, escrito cuidadosamente por Samuel Alonso, nos avisa, nos prepara y nos elogia, en la despedida, de una manera que me parece magistral:

    ...ningún texto existe mientras no lo completa una mirada que lo hace propio, la tuya es única y diferente a todas las demás, y en ese itinerario yo no puedo acompañarte. Camina por estas páginas con la sola brújula de tu intuición. Suerte.

    Menudo zoo es el primer capítulo. dieciséis cuentos cortos, de una longitud similar salvando las historias de los animales prodigiosos. Seis ilustraciones de Pablo amargo salpican los textos, no al azar. Es Pablo Amargo.

    Estos primeros cuentos, pasean por la zoología mezclando la realidad con la ficción y fantasía de una manera tan laboriosa como artesanal obteniendo un resultado la mar de natural. de la mano del humor a veces surrealista, no podemos sino esbozar una gran sonrisa ante algunas de las situaciones o virtudes planteadas por el autor, a la vez que los ojos se nos hacen grandes. Sí, sonrisa y asombro. Gran combinación. Política, religión, ecología, crítica literaria... van surgiendo de las entrelíneas de las palabras escritas por Víctor González en este primer capítulo. Incluso nos habla de su sistema de redacción, para crear cierta expectación. 

    En varios cuentos, en uno directamente, nos crea vínculos a otros libros y eso, es un lujo que a veces, a los poco leídos, se nos escapa, pero que hurgando y releyendo, nos da buena alegría captarlo.

    De todos los cuentos, creo que me quedo con Un unicornio. Despojar a este animal de toda esa parafernalia fantasiosa, de todo ese halo tantas veces cursi, respetando eso sí, su cualidad de animal maravilloso, no es tarea fácil. En este caso, ya solo llamándolo Felipe, nos relaja, nos naturaliza el ambiente en el que se va a desenvolver este cuento que, sin crear una tensión prodigiosa, no nos deja despistarnos en el desarrollo de la historia, llegando a un final, que sin dejar de sorprendernos, nos parece de los más normal.

    Así me ha resultado este primer capítulo. Juguetón, irónico, normalizador, crítico, llevando el humor y la evocación a veces al límite, pero ante todo, incitador a seguir jugando... ¿Cuántos animales se le habrán quedado en el tintero al autor? ¿Y cuántos han nacido en el nuestro?

    En dos días hablamos del segundo capítulo. ¿Te animas? Es un libro fácil de encontrar en las Bibliotecas.


    2 comentarios:

    Víctor González dijo...

    Ya por bordar la idiotez (mía, claro), ahora me encuentro la primera entrada. No me había dado cuenta de que había dos partes y solo había leído la segunda. En fin, no sé qué decir. Dame la dirección para saber a donde tengo que enviar el jamón o las centollas...
    Un abrazo más,
    Víctor.

    Félix Albo dijo...

    Bueno Víctor, es lo que tiene esto de los blogs, que el principio queda al final. Es un concepto como muy cristiano.

    Si sigues, que espero qeu no mucho para no perderte, verás que todo surge de una noche que me levanté con uno de los cuentos en la cabeza: Los diez árboles sagrados. Precioso, por cierto. Y propuse leerlo entre todos. Dos capítulos por semana. Esta es nuestra segunda semana y mañana hablaré del capítulo IIi con el que me lo he pasado en grande, adelanto.

    Un lujo. Si te animas...

    ¿Hay que elegir entre jamón y centollas? Pues difícil me lo pones...

     

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