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    SOPA DE RATÓN, de Arnold Lobel


    SOPA DE RATÓN, 
    escrito e ilustrado por ARNOLD LOBEL
    traducido por Brenda Bellorín
    esta edición es de EKARÉ, 2009
    comentado por Félix Albo

    NOTA ACLARATORIA: ¿Pero no habíamos quedado en que esta semana era Soñiario? Sí, pero es que Soñiario ya lo había comentado Sole hace tiempo en la Biblioteca. Y ya me pasó con La Ola, que la comenté yo, tiempo después de que la comentara ella. Si es que ya lo dijo Carles García. Las personas que nos dedicamos a los cuentos tenemos una memoria, como el resto de mortales, y llega un momento en el que tenemos que elegir utilizarla para la cotidianeidad o para nuestra profesión. Está clara mi elección ¿verdad?.

    Lobel, Lobel, Lobel. Es el cuarto libro de Lobel que comento y es que este hombre me tiene enganchado. Y merece la pena, ¡oiga!

    ¿Qué tienen en común un panal, un poco de lodo, dos piedras grandes, diez grillos y un espino? Pues una comadreja un tanto inocente que interrumpe a un ratón en la lectura de su libro.

    Cuatro cuentos que cuenta el ratón protagonista, desde dentro de una olla, para tratar de salvar su vida, como ya hizo la mítica Sherezade en Las Mil y una noches. Cuatro cuentos dentro de la historia de un ratón que anda ensimismado leyendo un libro y una comadreja se lo lleva a casa para hacer Sopa de ratón. Pero la sopa de ratón con ratón solo sabe muy sosa. Todos saben que el secreto de una buena sopa de ratón son los cuentos que se le echan. La comadreja (que no lee) no sabe cuentos. El ratón (que sí) no solo sabe, sino que encima tiene clara su estrategia para tratar de salvarse.

    Lobel es así: sencillez, ternura y humor. Y en este libro ha pillado una oferta y las derrocha por doquier. Sobre todo, como traca final, cuando se va acabando el libro.

    Un lujo, con las ilustraciones del autor que, en este caso, son estáticas, como fotos, que matizan la emoción de los personajes, en este caso, todos animales.

    ¿Y para qué edad? Pues desde antes de nacer hasta los seis, siete, ocho... y si no se conoce a Lobel, ¿por qué poner límites a lo exquisito?

    Un libro que canta, por cómo suena y que ilustra por cómo está escrito ya que es interesante observar la cantidad de signos de puntuación bien colocados que nos ha regalado la traductora. Un buen trabajo también.

    Y si el libro canta, solo espero que las personas que lo disfruten bailen, o, como el ratón empecinado, que una vez salvado, se apresuró a llegar a su casa, encendió el fuego, cenó y terminó el libro que la comadreja le interrumpió.

    Feliz lectura. Feliz semana.

    PREVIENDO: La semana que viene, en serio, la que viene, comentaremos El pato y la muerte, en Bárbara Fiore, un álbum inquietante para edades con miradas inquietantes. Y este jueves... seguimos con El río que se secaba los jueves (que ya me ha llegado más de un correo/bronca). El jueves, el IV capítulo. ¡Salud!

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