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    POR CUATRO ESQUINITAS DE NADA


    Escribe e ilustra Jérôme Ruillier 
    Traduce Élodie Bourgeois 
    Edita Editorial Juventud, en el 2005  
    Comentado por Félix Albo    

    Cuando lo sencillo se hace grande el resultado es enorme.

    Así podríamos definir este álbum. Por cuatro esquinitas de nada tiene ese duende genial que poseen solo algunos libros exquisitos. 

    Es cuiroso como a partir de formas geométricas sencillas, un grupo de "redonditos" y un "cuadradito" nos consigue meter dentro de la historia. Con unas ilustraciones hechas a base de recortes, llena de emoción y sonido sus páginas. 

    Cuadradito juega con sus amigos que son redonditos. Son todos diferentes, redonditos rosas, amarillos, naranjas, blancos, negros, naranja clarito, con un circulito dibujado dentro, también de distintos colores, como cuadradito, que es azul y lleva un cuadradito dibujando su perfil interior, de color... naranja. Todo va bien hasta que tienen que entrar a la casa grande, cuya puerta es redonda. Todos entran.

    ¿Todos? No. Cuadradito no puede. No puede entrar Por cuatro esquinitas de nada. A simple vista, parece que le sobren. Él se esfuerza: se dobla, se contrae, se intenta autoconvencer... soy redondo, soy redondo (me encanta), pero nada... Él es cuadradito. Se plantean incluso cortarle las esquinitas (de nada) ¡ay! Pero no.

    Al final los redonditos se reúnen y queriendo, queriendo, encuentran una solución. La razón y la solución. ¿Cuál será? Está al final del libro, claro, y es sorprendente. De verdad.

    Un libro, insisto, sencillo. Pero importante. Desde el principio ya va marcando: Las diferencias, para jugar, no son relevantes... Y desde aquí, hasta donde queramos.

    Un libro fácil de reproducir, en casa, en el aula, podemos jugar a buscar soluciones para otras figuras geométricas... o para otro tipo de diferencias. Pintar, recortar, introducir, buscar, geometría, plástica, resolución de conflictos... sociedad. Hasta donde queramos, insisto.

    ¿Quién no se ha sentido alguna vez cuadradito? ¿Y redondito? ¿Y puerta?

    Un lujo que, en manos de mis compañeros de Légolas, toma tres dimensiones y salta del libro a su voz y sus bastidores de madera con botones y hebillas... Un lujo verles y escucharles. El buen trabajo da gusto y si a partir de un buen libro, como es este, se realiza un buen trabajo como es el suyo... qué más se puede pedir.

    En fin, esta es la recomendación de la semana. Para empezar septiembre no está mal. Preparemos la imaginación y las palabras que vamos a trabajar disfrutando.

    Feliz lectura. Feliz semana.

    Félix Albo

    P.D.: Me escribió una lectora del blog preguntándome por qué no cuento nunca los finales de los libros. Es verdad. Lo hago casi sin pensarlo, pero me gusta más dejar el final en el libro... Sus páginas nos están esperando. La intención de este blog es ésa precisamente, acercarnos a los libros, a nuestra estantería, las de nuestras librerías o las de nuestras bibliotecas, pero pasearnos por las páginas de los libros. Pretendemos compartir solo los libros que nos gustan y esperamos que a vosotras y vosotros también. 

    La semana que viene, Sole nos hablará de El final de verano, editado en Kókinos. Y este miércoles, continuamos la lectura, pausada, de El río que se secaba los jueves... el cuarto capítulo...

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