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    LOS BICHOS BOLA


    escribe Luisa Fontán
    ilustra Carmen Segovia
    edita Los Cuatro Azules en el 2011

    comenta Félix Albo

    Los Cuatro Azules lanza una colección enfocada para la edad de ocho años. Cuentahílos se llama. Nos sorprende para ello con este título de tapa blanda: Los Bichos Bola.

    Con el libro en las manos, llama la atención su contracubierta, en fucsia, con el título de la colección en un tímido rosa y una breve sinopsis en blanco. La portada, la tenéis ilustrando esta nota. Estos son los colores que se van a manejar dentro en unas ilustraciones geniales que mantienen el tempo constante y nada alborotado del texto.

    Sin embargo, a pesar de ser un libro que podríamos definir como discreto, genera en la persona que lo lee una conexión con el universo íntimo que cada uno llevamos dentro. La historia nos habla de dos hermanos, en voz de la menor. En una tarde de otoño, mientras la familia duerme, ellos deciden deslizarse al bosque, cada uno con sus objetos fetiche, respondiendo a su edad: el mayor su navaja suiza, la menor su bote de bichos bola.

    El texto, como muestra, comienza así:

    El otoño iba y venía. Por entonces las clases comenzaban a primeros de octubre. Los viernes íbamos al campo, ese lugar de mi memoria que huele a leña de encina y se tapiza con el color parduzco de los saltamontes viejos.

    Y a partir de aquí, la historia se desarrolla de este modo sutil, cabalgando con habilidad entre la nostalgia y la infancia. De manera sigilosa se precipita hasta nuestros más profundos recovecos, generando, a partir de las sensaciones un desboque de los recuerdos íntimos, los secretos, los símbolos, los ritmos, los momentos, instantes importantes de nuestra trayectoria en el crecimiento. Hechos que van cambiando la mirada de niños con la que todos nacemos.

    La autora, consigue ubicarnos más allá de la empatía, con la voz que nos narra. Quizá porque esa voz es ya adulta y desnuda ante nosotros los lectores un secreto con su hermano. Un pacto de la infancia, etapa en la que se pacta y cree como nunca. Nos cuenta, confidente, el hecho que acaeció aquella tarde de otoño en el que su hermano mayor y ella se introdujeron en el bosque. Solo diré que la arrogancia inicial del mayor y la admiración por este de aquella pequeña encuentran su justo equilibrio provocando una mirada de igual a igual a partir de la visita fortuita de un zorro.

    Un bote de bichos bola, una navaja suiza, un bosque, una tarde de sol mortecino y unos instantes de valentía son sobradamente suficientes como para dejar una marca profunda en la memoria de una persona. La que nos cuenta.

    Este libro nos lleva a buscar, evocar, reconocer nuestras propias marcas y degustar con nostalgia nuestros secretos.

    Un texto hábil que se sabe deslizar sin hacer ruído, provocando reminiscencias personales que el tiempo va guardando. Unas ilustraciones suaves, a ráfagas que enfocan detalles matizando aún más el ambiente generado por el texto. Una edición limpia, sobre un papel sin brillos ni artificios porque no los necesita.

    Un libro para leer y compartir, quizá, con menores mayores. Un libro de esos que nos gustan en la Biblioteca de los Elefantes, para leer, conversar y dejarse llevar.

    ¿Lo conoces?
    ¿En qué ambiente se ubican tus recuerdos más significativos de la infancia?

    Feliz lectura. Feliz semana.

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