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    EN CASA DE MIS ABUELOS


    escribe Arianna Squilloni
    ilustra Alba Marina Rivera
    edita Ekaré en el 2011
    ISBN. 978 84 938429 4 9

    a partir de  3 6 9 12 16 ad

    . comentado por Félix Albo
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    Me encantan los álbumes cuyas primeras y últimas guardas son distintas. Este álbum es de esos y la diferencia ya llena de intriga y cierta alegría.

    En casa de mis abuelos es un libro muy bien editado por Ekaré. Se nota al pasar las primeras páginas gruesas de un gris sobrio que nos sumergen y preparan hacia el cierto aire nostálgico que respira la soledad de la senectud. La primera ilustración nos presenta sublime un fragmento del bastón del abuelo, con él ocupa suficiente ilustración como para darle una importancia grande. Eso que ves -reza el texto- es el bastón de mi abuelo. En la ilustración un palo oblicuo, un ave blanquinegra que alza el vuelo, y unas cuantas hojas secas y pardas sobre un suelo marrón claro y plano. En las siguientes veremos al abuelo acompañado por su perro en entornos marrones otoñales y que uno no puede evitar sentir frío al mirarlas. Frío y cierta soledad. Los árboles reflejan la mucha edad del abuelo. Suerte que el abuelo tiene a la abuela y entre los dos, él con su bastón y ella con sus medias, generan un universo especial e intenso dentro del mundo ocre que les rodea. Cuando la lluvia llega, los remiendos del bastón y las medias no pueden evitar que el interior de la casa se vea invadido por las goteras que cantan al caer.

    En medio del libro, la ilustración doble del interior de la casa repleta de goteras y zafas, sartenes y cuencos que recogen el agua que cae, nos enseña, al lado de una de las medias de la abuela llena de canicas colgada de un clavo en la pared, un marco con una foto en blanco y negro de un niño con cazamariposas (de media) y una niña. Abajo, el texto nos da un giro a la historia: "Todos los veranos mi primo y yo íbamos a casa de los abuelos".

    Al pasar la página esa foto, toma vida y color saliendo de él para sumergirnos en el verano, con olor a melocotón, flores, verde y luz, mucha luz. Y a partir de aquí nos encontramos con seis páginas llenas de auténtico placer donde el juego, la complicidad y el cariño entre abuelos y nietos, incluso animales domésticos, rebosan felicidad, relax, creatividad y disfrute de una intensidad tan grande como el colorido. ¿Se puede pasar un verano mejor? Pero todo llega a su fin.

    ¿Y vuelve otra vez a lo mismo? ¡Qué va! Todo cambia cuando llega la lluvia gracias que el último verano, nieto y nieta se volvieron pintores con témperas sobre las tejas caídas de un cobertizo y que el abuelo aprovechó para tratar de tapar las goteras de su tejado... ¿te haces una idea de lo que puede pasar?

    Hasta aquí puedo leer. No sin decir del texto que es  y que marca el ritmo de lectura de las ilustraciones. Curioso ¿verdad? que podría parecer que el álbum lo pudiéramos leer solo mirando ese trabajo de ilustración lleno de guiños, paralelismos y perspectivas que le aportan una frescura y movimiento continuos. Y no digo yo que no, pero sería una lástima perdernos el texto exacto, medido que le aporta ritmo y elegancia haciéndolo casi imprescindible. Léelo y verás como además el texto genera una amplitud al álbum que su ya gran tamaño se quede pequeño para lo que guarda dentro de sus bien escritas palabras.

    ¿Has tenido abuelos o abuelas? ¿Has pasado algún verano inolvidable? Quizá sea este libro una buena excusa para hablar de ello, o repetirlo. Quizá lo sea para pintar, quizá para pasarlo estupendamente en medio de la naturaleza, quizá sea una buena ocasión para disfrutar.

    ¿Y tú? ¿Lo conoces? Corre a tu Biblioteca Pública Municipal a ver si lo tienen. Y si no, ya sabes: desiderata.

    Feliz semana. Feliz lectura.

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