LETRAS EN LOS CORDONES


escribe Cristina Falcón
ilustra Marina Marcolin
edita Kalandraka en el 2012
ISBN. 978 84 926086 6 0

a partir de  0 4 7 10 13 16 ad

. comentado por Félix Albo
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Érase una familia de siete hermanos. Dos de ellas, duermen con la hermana mayor, Flor, para no despertar al resto cuando se levantan las tres temprano para ir a la escuela.

La mayor les protege en la ida y venida de la escuela y en el resto de la vida también. A la voz que nos cuenta esta historia, es de las tres, la de en medio y a quien menos le gusta ir. A la pequeña le gusta por que es pequeña y solo juega. A la mayor porque anda aprendiendo a leer y entiende lo que las letras guardan y dice que leer es como cuando te cuentan un cuento. Pero a ella, a la voz narradora lo único que le gusta de la escuela es cada vaso de leche que le dan al llegar, en el recreo y antes de marchar.

Su hermana mayor cuida que no desgasten los zapatos, por eso no deja que se los pongan hasta llegar a lo alto del cerro, justo desde donde se ve la escuela, y el patio y la bandera.

Cada fin de semana viene la madre y entre todos la arropan, sin pelear por un beso o un cuento, porque trae cariños y palabras para todos. A veces cuenta cuentos, a veces retazos de su vida de cuando era pequeña. Y antes de marcharse, carga de consejos, responsabilidades y tareas a la hermana mayor; Ha de cuidar de sus hermanos y hermanas y también de su abuela, que está flaca, floja y vieja. Al partir se acaba la fiesta que trae cada fin de semana a la casa.

Flor, la hermana "mayor" tiene siete años.

Este es el tono sepia que recorre este calmo álbum. Tan tierno, que el color blanco destaca sobre los ocres y beiges. Destaca como una alegría o como el intenso y único azul reflejando el cielo como la inmensidad en uno de los baldes con los que ya casi no puede cargar el fugaz personaje de la abuela.

Una historia que a muchos les sonará a pasado y conectará con la infancia caminante de quienes vivían retirados por la distancia o las posibilidades de la escuela.

Una historia que a otros, nos sonará a presente, por conocer lugares donde el alumnado camina y camina dirección a una esperanza diaria donde se les alimenta el intelecto, la imaginación y el cuerpo.

Una historia que a muchos, siempre demasiados mientras siga pasando de uno, les sonará a futuro o a utopía, o sueño, o quizá ni eso porque ni tienen acceso a la escuela, ni a los zapatos, ni a los vasos de leche de cada mañana; cada recreo; cada tarde.

Una historia delicada que zurce a través del cordón de voz de una menor la nostalgia, la denuncia, el anhelo, la alegría, el afecto íntimo y secreto, y el pasado, presente y futuro de una niña que pueden ser millones de niñas con nombre propio e historia propia.

Un álbum que además ensalza la figura de la maestra, del maestro, de esos de los que aún quedan y qué falta hacen, que estimulan mente y sueños, vocabulario y respetos, razones y reflexiones, derechos y críticas. Que miran a su alumnado viendo mucho más allá de lo que les muestran y que creen en su trabajo como la puerta a otros caminos donde las letras, los libros, los cordones, los zapatos y la blanca leche que alimenta, no le falten a nadie.

El texto delicioso. Las ilustraciones también.

Uno y otro cosidos y recosidos por una voz que sin abandonar la ternura, te aprieta los adentros.

Un libro del que se pueden tender como ropa limpia distintas realidades, a airearlas, a secarlas, a mostrarlas y a partir de ellas... hablar y caminar. Qué falta hace en las escuelas hablar, caminar, escuchar, sentir, reflexionar.

Un libro que habla del bello proceso de aprender a leer. De la infancia arrebatada, de la escuela como espacio único de crecimiento. Del abrazo que suponen los hermanos y la familia. De las carencias básicas y los sueños que las calman. De la vida que se vive en muchos lugares, muchos, y no tan lejanos. Cada vez menos.

Y tú, ¿conoces el libro? ¿Qué te parece?

Corre a tu Biblioteca Pública Municipal, a ver si lo tienen, y si no, ya sabes: desiderata.

Feliz lectura. Feliz semana.


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